NO RENIEGUES DE TI POR MIEDO A LA SOLEDAD

Este año pasado ha sido demoledor. Poco a poco me fui acercando a mi querida Soledad. Primero se fue mi trabajo, luego mis amistades y, sin darme cuenta, me vi más sola que nunca. Un “vi” de sentirme más que de estar. Una Soledad que inconscientemente elegí para que me enseñara que por muy sola que me sintiera siempre me tendría a mí. Y que ese “mí” era mucho más importante que un “otro” que en lugar de sumarte, te resta.

Me quedé sola porque me ELEGÍ a mí. Dejé un trabajo que no me llenaba y una amistad que no estaba equilibrada en el dar y el recibir. Y me sigo eligiendo a mí, día a día. Instante a instante.

Porque no hay mayor soledad que la de abandonarse a uno mismo

Que el permanecer al lado de una persona que te ignora, que no te escucha, que te falta al respeto, que no te comprende, que te vomita toda su toxicidad cada vez que la ves, que no te elige, que no te prioriza.

No escogemos a nuestra familia. Es la que nos toca. Y hay como una creencia insana colectiva de obligatoriedad en permanecer vinculados a ella. Como es tu madre, tu padre, tu abuelo, tu hermano , tu prima o “lo que sea” tenemos que mantener una relación continua con ellos sí o sí. Y esto es absurdo.

Los lazos familiares son muy difíciles de romper, pero cuando te hacen daño (por el motivo que sea) la distancia es una opción.

La culpa hará acto de presencia, seguro. Igual que aparece cuando te separas de tu pareja teniendo hijos en común. Pero NADA ni NADIE es más importante que tu Felicidad. Que tu salud emocional.

Yo quiero mucho a mi familia, pero no tengo nada que ver con ellos. Soy de esas “raritas” que cayeron ahí en medio. No tenemos nada en común (excepto nuestro amor, que no es poco). Nuestras formas de sentir la vida, nuestras prioridades, nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestros valores, nuestras aficiones, nuestras inquietudes, nuestra actitud, nuestra energía… es opuesta. No los elegiría como amigos, pero el Amor que siento por ellos es inmensamente superior al que siento por cualquier otra persona.

Por eso, la familia es lo que más nos duele. Porque es donde se fraguaron nuestras heridas y los que tienen el poder de reabrirlas con facilidad.

Pero que yo Ame a alguien no significa que me haga bien. Y tampoco que deba permanecer con él. Esto es algo que se confunde mucho y da la sensación de que porque estés enamorada debes “ser pareja de”, por mucho que sufras.

Hay un Amor que sí que se DECIDE y es el Amor hacia uno mismo. Porque implica tomar ciertas decisiones, ciertas acciones, ciertos “Noes” muy valientes que pueden no gustar a quien te rodea. Que pueden sentar mal. Que pueden resultar incomprensibles. Que puedan hacer que te quedes sola-sin-ellos, pero no-sola-contigo.

Ese NO al otro que te perjudica se transforma en un SÍ hacia ti. Un Sí a la plenitud, a la paz, a la abundancia, a la independencia, al respeto, al honor, a la dignidad. Un Sí a ser tú misma. Un Sí a la Honestidad. Un Sí a la Vida. A una Vida que aunque temporalmente te deje a oscuras, estará iluminada por tu propia Luz y abierta a que Luces similares a la tuya entren en ella.

Llega un momento en que es necesario ROMPER. Romper con lo que no te permite avanzar. Con lo que te mantiene encadenada a un pasado que “ya no es”. Con un lugar que ya no sientes como Hogar.

Y la ruptura siempre trae dolor, pero también libertad, paz e ilusión. Es como si volvieras a nacer y abrazaras de nuevo la Vida. Una Vida que se escribe con tu nombre y no con el de los demás. Una Vida sin normas, sin mandamientos, sin reglas. Una Vida Completa porque AHORA estás TÚ en ella.

Es difícil dar según qué pasos, pero te aseguro que es mucho peor quedarte donde estás cuando ese “donde” sólo te aporta frustración, apatia, vacío, dolor, inseguridad, aburrimiento, malestar, tristeza y soledad.

Soledad no es estar sola, es sentirte sola. Y cuando SABES disfrutar de ti, ESTAR contigo, escucharte, respetarte, tratarte con amabilidad y cariño, sostener todas y cada una de las emociones; cuando te ELIGES A TI, de igual modo, ELIGES a tus compañías.

De ahí que: Si quieres saber cómo te tratas a ti misma, observa con quién duermes y qué amistades tienes.

Porque quien se respeta, no permite que alguien no lo haga. Ni lo más mínimo. Y no lo escoge ni como pareja ni como amante ni como amigo. Es así de simple.

No podemos culpar al otro de lo que es nuestra RESPONSABILIDAD. Si no te gusta con quién estás, atrévete a dejarlo. Pero estar continuamente criticándolo es muy inmaduro y muy cobarde.

Queremos a alguien que nos Ame como merecemos, pero no somos conscientes de lo poco merecedores que nos creemos y de lo mal que amamos nosotros. A nosotros mismos y a los demás.

Se confunde soportar, aguantar, con AMAR. El Amor no se soporta ni se aguanta, se COMPARTE. Y para compartir antes tienes que tenerlo tú, si no, ¿qué se supone que vas a dar? Y, ¿qué vas a permitir recibir?

No reniegues de ti por miedo a la soledad o te sentirás solo el resto de tu vida. Por muy acompañado que estés….

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