LA VIDA NOS ESTÁ PIDIENDO QUE NOS RINDAMOS, NO QUE LUCHEMOS

A la mayoría de personas, la palabra Rendición les produce rechazo. Vivimos en una sociedad global que continuamente nos empuja a luchar. A luchar por una mejor versión que habita en un futuro que no existe. A luchar “contra” en lugar de a remar “a favor”. A luchar por tener lo que no tenemos y por ser lo que no somos en este momento. Un este momento que es lo único que tenemos. Un este momento que es lo único que somos.

Los que hemos convivido con una adicción (nuestra o de un familiar) o con una enfermedad terminal (propia o de un familiar) tenemos muy claro que es esa lucha la que nos hace sufrir y no la adicción-enfermedad en sí.

Pero no nos enseñan a aceptar, a asumir, a Rendirnos ante Lo Que Es. Nos enseñan a arreglar, a cambiar, a rechazar, a crear fronteras, muros, límites, diferencias, etiquetas. No enseñan a SEPARARNOS de nosotros mismos y de los demás. En guapos y feos. En delgados y gordos. En ricos y pobres. En correctos e incorrectos. En abundantes y mediocres. En conscientes y no conscientes. En dormidos y despiertos. En terrenales y espirituales. Y en un largo “tú” y “yo”.

No enseñan a vivir con objetivos a alcanzar en lugar de con un Presente del que disfrutar

RENDIRSE no es quedarse tumbado en el sofá sin hacer nada. RENDIRSE no es dejar de buscar una vacuna, no es saltarse las normas necesarias, no es dejar de respirar. No estoy hablando de dejadez. No estoy hablando de irresponsabilidad. Estoy hablando que algo mucho más profundo. Menos relativo. Más Absoluto.

Estoy hablando de ACTITUD. Estoy hablando del CÓMO. Estoy hablando del DESDE DÓNDE te mueves. Del desde dónde haces. Del desde dónde Escuchas. Del desde dónde Eres.

Después de muchísimo años intentando salvar a mi madre de su alcoholismo, tuve que dejar de luchar para poder estar en Paz. Con ella, conmigo misma y con la Vida. Tuve que Asumir esa experiencia. Tuve que aceptarla. Tuve que RENDIRME ante lo que sucedía.

Me rendí para poder ganar

LUCHAR CONTRA (te) crea enemigos. Eso es obvio. Y cuando el enemigo eres tú, es tu mente, tus pensamientos, tus emociones… entonces es cuando no puedes huir y cuando te ves envuelto en una guerra contra ti mismo. Y sólo tú puedes alzar la bandera blanca. Sólo tú puedes pararla. Independientemente de lo que suceda FUERA.

Lo que anhela el Ser Humano no es ni el amor ni la salud ni el dinero. Es la PAZ. La Paz Interna. También llamada HOGAR. Y esta Paz no se logra luchando, combatiendo, rechazando…, sino rindiéndote. Ante la Vida. Ante ti. Ante lo que está sucediendo. Ante lo que estás sintiendo. Ante lo que estás siendo en cada Instante.

A esa Paz que siempre está disponible para TODO el mundo, podemos acceder dejando de hacer. Dejando de sentir lo que no sentimos. Dejando de pensar lo que no pensamos. Dejando de ser lo que no somos. Dejando de NECESITAR mejorarnos. Dejando de “intentar”. Dejando de “dejar”.

No podemos ser mejor de lo que AHORA estamos siendo. La Vida no puede ser mejor de lo que AHORA está siendo. Porque el único tiempo que existe es ese AHORA que estamos rechazando. Que estamos insultando. Que estamos juzgando. Condenando. Denigrando. Menospreciando. Excluyendo.

Y juzgando y condenando y excluyendo no podemos sentir Paz. Porque la Paz es neutralidad. La Paz lo abraza Todo. Hasta lo que nuestra mente etiqueta como Mal.

Le estamos poniendo condiciones a una Vida que es Incondicional. A una Vida que ninguno de nosotros puede controlar (como ya estamos comprobando). Nosotros somos esa Vida. Y es a nosotros a quienes nos estamos poniendo esas condiciones para Amar.

Este verano tuve una experiencia donde volví a Recordar lo que significa Rendirse. Lo que significa el Amor Incondicional. De ella salió el libro “La Noche Oscura del Alma”, que está a vuestra disposición en Amazon, en formato Kindle.

En estos primeros días de aislamiento aún no estamos siendo conscientes de ello. La novedad hace que nos volvamos creativos. Que sigamos estando muy activos. Pero pronto ese ruido será absorbido por el Silencio. Y tendremos que PARAR.

Un Silencio que sacará toda tu Verdad. Un Silencio que te dejará sin máscaras. Sin disfraces. Sin maquillajes. Sin aparentar.

Todo lo que llevas tanto tiempo ocultando, rechazando, ignorando saldrá a la Luz. Y saldrá no para luches contra ello, sino para que te rindas a ello. A la Vida. A TI.

Esto del Coronavirus no va de Fuera. Va de Dentro. No va ni de economía ni de espíritu ni de ciencia. No va de cambio de paradigma ni de dimensión ni de vibración. No va de karma. Ni de dharma. Va de algo que está mucho más allá de lo que nuestra mente pueda pensar, imaginar, razonar, creer, analizar. Y mucho más allá de lo que nuestro Corazón pueda sentir.

Es un Más Allá que está tan cerca de ti que no lo puedes ni medir. Ni tocar. Ni acariciar.

Un Más Allá que es lo que Eres. Que es lo que todos, ABSOLUTamente todos, SOMOS.

Ya se está cociendo, aunque la mayoría no se dé cuenta. La Vida ha decidido brindarnos esta oportunidad GLOBAL para que nos respondamos a La Gran Pregunta”: ¿Quién Soy?

Un Quién Soy exento de identidad. De ropaje. De banderas. De ideologías. De colores. De himnos. De conceptos. Y de creencias.

Un Quién Soy cuya respuesta es la misma para ti que para mí.

Un Quién Soy que suena a Silencio. A desnudez. A transparencia. A pureza. A UNIDAD.

Un Quién Soy que nada ni nadie te puede enseñar más que tu propia experiencia.

La Vida NO nos está pidiendo que luchemos contra ella, sino que rememos a su favor. Que nos Rindamos ante ella. Ante Lo Que Es. Ante nosotros. Ante lo que ninguno de nuestros sentidos puede ver.

RECUÉRDALO en los próximos días cuando la lucha se haga más pesada, más densa. Porque si quieres tener Paz, tarde o temprano, vas a tener que Rendirte. Vas a tener que soltar todo lo que te han inculcado. Todo lo que te has tatuado en tu carne. En tu piel. Y vas a tener que CONFIAR, que tener FE en “algo” que no es entendible. En “algo” que ni siquiera sabrás lo que Es.

He Aquí la mismísima Vida, hermanos. He Aquí su Verdad.

6 comentarios sobre “LA VIDA NOS ESTÁ PIDIENDO QUE NOS RINDAMOS, NO QUE LUCHEMOS

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