LIBRE DE TI MISMO

Liberarnos de nosotros mismos. De las ideas que desenfocan la Realidad. De las creencias que nos alejan de nuestro Hogar.

No hay nadie externo que nos dañe internamente. No son los juicios de otros los que nos impiden respirar en libertad, sino los nuestros propios. Lo que nos creemos de nosotros mismos, no lo que creen de nosotros los demás.

Las voces de los otros tienen la misma importancia que nuestra propia voz: ninguna. Pues esas voces (ambas) no son más que pensamientos que nuestra mente suelta por nuestra boca. Pensamientos que nada tienen que ver con La Verdad. Con lo Real.

La Verdad es Silencio. Y el Silencio no piensa. No dice. No garabatea la Vida. ES la Vida.

Creer que nuestro cuerpo es la vestimenta con el que lo adornamos es no saber “qué” es el cuerpo.

Y eso mismo creemos de nosotros mismos. Que somos la vestimenta con la que cubrimos la Existencia. Que somos el sexo que tenemos y con el que tanto nos identificamos. Que somos la tierra en la que nacimos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la lengua que hablamos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la profesión que tenemos y con la que tanto nos identificamos. Que somos la madre, la hija, la hermana, la pareja, la amiga…, papel con el que tanto nos identificamos. Que somos “algo” separado a Lo Que Es y con el que tanto nos identificamos.

Y con esa identificación, vamos con los puños alzados y con el pecho repleto de lazos. O de colgantes. O de tatuajes. O de símbolos. O de banderas. O de estampitas.

La Existencia, la Vida, el Silencio es desnudez. Es pureza. Es NATURALeza

No tiene adjetivos. No tiene definiciones. No tiene calificativos.

Es un “ES” que ya lo llena todo con su Nada.

No necesita de misiones, de versiones mejoradas, de por qués, de para qués, de objetivos, de propósitos, de destinos.

Su “Siendo” ya ES todo lo que necesita SER. Ya ES completo. Ya ES perfecto.

Nuestro “yo” se cree imperfecto y por eso se complementa la piel con mil y un ARREGLOS que nada tienen que ver con él. Y se deshace por las bravas de lo que considera una tara, una herida, un error. Metiéndolo todo en un abarrotado cajón.

Cajón que es un gran ventanal sombrío por el que brotan a la velocidad de la Luz las ramas que pretende, inútil-mente, ocultar.

Porque las mentiras, tanto externas como internas, tienen las patas muy cortas. Y llegan hasta donde pueden llegar. Que no es muy lejos.

Una cosa es no ser consciente de nuestra propia mentira y otra muy distinta que esa mentira no se manifieste.

¿Y cómo lo hace? Haciéndote sentir vacío, soledad, miedo y/o cualquier otro sentimiento-emoción que se aleje de tu Paz (que no de tu tranquilidad o de tu calma).

Cuando estás en Paz, en Silencio, no sientes “nada” porque no estás subida a ninguna montaña rusa emocional. Es otro estado en el que “tú”, con todas sus identificaciones-ideas-creencias, está como dormido. No está Presente.

Y con esto no estoy diciendo que el 100% del tiempo estés en ese espacio. Como seres humanos emocionales y mentales que somos, no lo considero posible. Pues no podemos controlar cuándo nos identificamos con algo y cuándo no. Se hace sólo. Sin poder evitarlo.

Únicamente estoy describiendo dos espacios en los que coHabitamos. El del Silencio es nuestro estado natural, donde reside nuestro Hogar y la Paz. Y el “yo” es nuestro disfraz, donde residen los pensamientos, los sentimientos y las emociones.

El Silencio es el más desconocido pues el “yo” hace mucho ruido y nos cuesta escucharlo pues nuestra Atención está enfocada en nuestra vestimenta, en lugar de en nuestra piel.

Al final, es una cuestión de Observación. Si no estás en Paz es que estás situado en el “yo”. Así de simple. Y no se trata de arreglar más a ese “yo”. De desaprender el “yo”. De sanar el “yo”. Se trata de DARSE CUENTA de que estás Viendo a través de sus ojos. Con sus filtros repletos de polvos ilusorios.

Cuando te das cuenta, cuando eres consciente de ello, puedes volver (decidiéndolo) a tu estado natural de Paz. Puedes decidir soltar tu “yo”. Puedes decidir no hacerle el caso que le estás haciendo. Puedes dejar de Creer lo que estás creyendo de él.

No se necesita ninguna acción más que ésa.

Liberarte de “ti” para volver a SER Lo Que Eres.

Así es cómo se Regresa al Hogar. Hogar que siempre ES. Que siempre Está. Aunque haya momentos que no lo escuchemos. Aunque haya momentos que no lo percibamos.

Nunca dejamos de Ser Lo que Somos. Lo que sucede es que, en ocasiones, nos cegamos de Lo Que Somos porque nos estamos identificando con el personaje creado y creído.

Pero poco más.

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