CUANDO ME VOY A CONOCER, NO ME ENCUENTRO

¿No te pasa que cuando intentas buscarte, no te encuentras? A mí sí. Al Final del hilo del que vas tirando, no hay un “alguien”. No hay nada. No hay nadie. Tan solo un Silencio abrumador que te deja sin preguntas. Y, si no hay preguntas, tampoco hay respuestas.

Así que concluyes que todo el personaje que te crees ser, con todas las etiquetas que le has colgado, con todas las creencias, el tipo de personalidad, las ideologías, las heridas, las carencias, los dones, los defectos, las virtudes, el transgeneracional, los planetas…, no existe.

Y si ese “quién soy” no es Real, nada asociado a él lo es.

Pero para esto, tienes que observar “lo que no es” de muy cerquita. Para darte cuenta de que es simplemente una Ilusión que nos creamos al ir creyéndonos ciertos pensamientos que vamos teniendo.

Y ahí empieza la Rueda del Samsara. El Pez que se muerde la Cola. El Bucle en el que nos metemos y por el que nos cegamos.

Tenemos la inercia, la tendencia, a encajonarnos en una definición que tomamos por certeza absoluta. Y con esa definición, nos presentamos al Mundo sin ser conscientes del peso que estamos cargando a nuestras espaldas y a nuestro Corazón.

Y usamos técnicas, métodos, herramientas, conocimiento… para cambiar una personalidad, una identidad, una definición que no es Real. Lo cuál, convierte al cambio en no-real tampoco.

Y así caminamos por la Vida: creyendo que somos como no somos y pretendiendo ser de otra manera que tampoco somos.

Seremos Libres cuando COMPRENDAMOS que no hay un “alguien” dentro de nosotros. Que lo que hoy siento o pienso, en 5 minutos puede ser lo contrario. Que no somos máquinas ni robots programados para ser, sentir y pensar de una determinada manera. Que nuestra piel no tiene piel y, por ello, nada se queda tatuado en ella. Y si lo hace, es porque nos lo hemos creído. Y cualquier creencia que tengamos, desde la más “elevada” a la más “bajuna”… es de quita y pon. Pues simplemente está diciendo algo de “alguien” que no existe.

El auto-conocimiento no sirve para conocerse sino para descubrir que no hay nadie a quien conocer