EL FIN DEL SUFRIMIENTO ESTÁ EN TUS MANOS

La mayoría de personas siguen queriendo cambiar lo de Fuera para que lo de su Dentro respire en Paz. Es algo que lleva intentándose siglos y ya sabemos que no funciona. Bueno, algunos no. ¿Y sabes por qué no? Porque no son capaces de mirarse a los ojos. A los suyos, no a los de los demás. Porque no se atreven a reconocer las mentiras que se cuentan. Porque algunos ni siquiera pueden verlas.

Pero vamos, que no es nada nuevo. Que cada cierto tiempo tenemos una crisis (tanto interna como externa) donde cada uno reacciona de una manera. Forma parte de esa Vida donde a veces estás arriba y otras veces abajo. Algo que a muchos les cuesta asumir y por eso inician una batalla externa contra “quién o qué sea” en pro de la Libertad (o lo que ellos creen que es la libertad, más bien), donde se empieza con la Paz en la boca y se acaba escupiéndola a cualquiera.

Así es como se inician las Guerras y las casi-guerras: con alguien que no sabe ESTAR consigo mismo. Con sus vacíos, con sus soledades, con sus derrotas, con sus frustraciones, con sus impotencias, con sus vulnerabilidades y con sus penas. ¿Y qué hace? Pues para no aceptarse a sí mismo (porque no quiere o no sabe), para no responsabilizarse de sí mismo (porque no quiere o no sabe), se inventa una lucha fuera donde proyecta la suya interna.

Con lo sencillo que es pegarle puñetazos a un saco de boxeo.

Tampoco es nada nuevo. Es de primero de psicología. De Consciencia. Es de libro. Y a estas alturas, con lo evolucionados que estamos todos… (o algo), con la de cursos, retiros y formaciones que hemos hecho y re-hecho…., ya tenemos los huevos-ovarios pelaos con este tema.

Bueno, quizás no tanto. Quizás, tan sólo lo hemos intelectualizado. O algo. Porque si no, no volveríamos a caer en lo mismo, ¿no?

¿Sabes? Ya hace un tiempo que dejé de creer en eso de la evolución. Si te fijas, cada ciertos años, pasan ciertas cosas muy similares en las que prácticamente reaccionamos igual. Cada uno en y con su papel.

¿Cómo puede ser que no aprendamos nada? Mi teoría es porque quizás, sólo quizás…, no venimos aquí a Evolucionar (como dice la mayoría), sino simplemente a Experimentar. Sin un por qué. Sin un para qué. Sin un propósito. Sin un destino. Sin un objetivo. Sin un misión. Como cuando los niños pequeños juegan. Que sencillamente juegan por y para jugar, sin ninguna otra intención más. Siendo lo que son en cada momento. Sintiendo como sienten en cada momento. Sin pararse a pensar si aquello que hacen o sienten, está bien o está mal. No se juzgan. No se castigan. No se condenan.

Y, por ello, no necesitan luchar. Aunque sí se pelean. Una pelea que no analizan. Una pelea que tampoco juzgan. Una pelea que tal como viene, se va.

¿Y si fuera así de simple? Una Vida que no te pide nada. Que no te exige que seas imparable o tu mejor versión. Que no te señala con su dedo sentenciador.

¿Te imaginas que nos Rindiéramos a lo que la Vida nos trae (tanto dentro como fuera)? ¿Te imaginas que dejáramos de resistirnos a lo que estamos sintiendo-pensando-siendo? ¿A nuestro Vacío y a nuestra Soledad? ¿Te imaginas que no nos diera miedo abrazar a nuestros miedos…?

Qué bonito es soñar, ¿verdad? Soñar con un lugar en el que te sientas seguro con tu inseguridad. Un lugar donde nadie te desprecie por ser como eres. Un lugar donde todas y cada una de tus emociones sean acunadas, acogidas y amadas. Un lugar donde el Silencio lleve la voz cantante. Y donde la Paz sea su aroma natural.

Pues tengo una buena noticia. Y es que ese lugar existe. Y no está en ningún Maestro, en ningún Dios, en ningún libro, en ningún método, en ninguna técnica, en ningún símbolo, en ninguna sustancia ni en ninguna meditación. Tampoco en ningún futuro batallado. Ni en ningún pasado anhelado.

Está Aquí y Ahora. Y está en TI y sólo en TI.

¿Y cómo accedo a Él? Pues tan simple como Rindiéndote a Lo Que Es. Rendirte al dolor. Rendirte al resquebrajo del Corazón. Rendirte a la enfermedad. Rendirte al miedo. Rendirte al sufrimiento. Rendirte a la locura. Rendirte al rechazo. Rendirte al caos. Rendirte a la muerte. Rendirte a la lucha. Rendirte a la perdición.

Una Rendición en la que te ganas a ti, aunque pierdas todo aquello por lo que llevas tanto tiempo luchando. Y, como consecuencia, sufriendo.

Al final, se trata de una DECISIÓN. Una decisión que tomamos libremente. Una Libertad que nada ni nadie nos puede arrebatar más que nosotros mismos.

Cuando alguien grita por la Libertad, yo me río. Porque gritan por una libertad muy superficial. Una libertad que se aleja eones de La Libertad Real, que es la que en el fondo están buscando. La que todos estamos buscando.

Me dan ganas de gritarles:

¡Que la Libertad que reclamas ya la tienes! ¡Que no te la puede dar nadie! ¡Que no vas a ganarla por muchas pancartas que muestres! ¡Que por saltarte la ley por la libertad de “mis cojones” lo único que indica es infantilismo, inmadurez y que eres muy esclavo de ti mismo! ¡Sé Valiente y mira Dentro, coño!

(Perdón. Me he emocionado)

Pero bueno, tampoco es nada nuevo… Forma parte del Círculo de la Vida, donde nos damos vueltas a nosotros mismos sin llegar a ningún sitio. Sin ser conscientes de que YA estamos donde tenemos que estar. De que YA somos lo que tenemos que Ser. De que no hay nada que arreglar sino todo por experimentar. Incluido lo “nada nuevo”.

El Fin del Sufrimiento está en tus Manos, no en las del Sistema ni en las de los que conformamos (tú incluido) ese Sistema del que tanto nos quejamos.

La cuestión es: ¿sabes que tienes Manos…?

Un comentario sobre “EL FIN DEL SUFRIMIENTO ESTÁ EN TUS MANOS

  1. !Que verdad tan visible! !Que verdad tan palpable! !Pero como siempre! !No queremos verla! !No queremos sentirla! !No queremos experimentarla! Por que? Porque somos masoquistas!. !Un saludo y abrazo Emma!. !Mi Gratitud eterna!.

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